Chile conmemora los 10 años del terremoto que devastó el país

Un sobreviviente y un rescatista que estuvieron en el epicentro de la tragedia hablaron con la Agencia Anadolu sobre cómo les cambió la vida después del 27-F

Chile conmemora los 10 años del terremoto que devastó el país

Por: Andrea Aguilar Córdoba

AA - En la madrugada del 27 de febrero del 2010 un terremoto de 8.8 en la escala de Richter estremeció a los chilenos y partió en dos la historia de un país acostumbrado a los temblores.

Bruno Sandoval recuerda que ese día había salido de Pelluhue, la localidad costera en la que vivía con su familia, para trabajar en una ciudad cercana como artesano. Nunca pensó que al regresar encontraría su casa en ruinas.

“Fue bastante angustiante porque yo estaba lejos de mi casa cuando la destruyó el tsunami. Mi familia estaba adentro y yo no tenía información. Las carreteras estaban cortadas, los teléfonos no funcionaban. Hasta el final del día pude regresar y ver que mis seres queridos estaban con vida, que solo habíamos perdido lo material”, señala a la Agencia Anadolu. 

Sandoval tampoco imaginaba que al día siguiente del terremoto una bandera que había encontrado entre los escombros lo convertiría en el símbolo de la tragedia y que su foto llegaría a las portadas de diarios como el New York Times y el Boston Globe. “Yo encuentro la bandera, la desentierro y tomo una postura que el fotógrafo capta, porque le llama la atención, y eso cambió todo, porque, de ser una persona común y corriente, pasé a ser conocido a nivel mundial, todos los canales y los periódicos me querían entrevistar”.

Una década después de esa fotografía señala que ha dedicado su vida a labores sociales y a emprender proyectos propios para salir adelante, ya que, a pesar de ser la imagen del terremoto, nunca recibió ayuda estatal para reconstruir su vivienda. Sin embargo, asegura que esa foto no fue solo un momento fugaz de fama, sino un símbolo del temple de los chilenos para hacer frente a la adversidad.

Ese mismo coraje fue el que hizo que Gonzalo Arroyo, un bombero voluntario de la ciudad de Concepción, una de las urbes más afectadas por el potente sismo, dejara de lado las súplicas de su familia y se internara en el edificio de 15 pisos de Alto Río, que colapsó y dejó otra de las postales más desoladoras del terremoto y un saldo de 8 muertos y más de 70 heridos. 

“Había gente como zombies caminando, llenos de polvo, gente fallecida, otros que se querían tirar desde las alturas y teníamos que convencerlos para que no se lanzaran. Es algo que todavía me cuesta mucho describir”, señaló a la Agencia Anadolu.

Arroyo afirma que el 27 de febrero del 2010 entendió lo frágil que es la vida y asegura que eso marcó el despertar de la consciencia de un país que creía estar a prueba de terremotos. “Hubo una lección de ecología muy grande porque a pesar de que teníamos muchos ríos no podíamos sacar agua porque estaban contaminados. También aprendimos a ser felices con la simpleza de la vida; por esos días hasta destapar una lata de gaseosa era un lujo que no existía”.

La devastación y la escasez que dejó el terremoto en más de una decena de ciudades hizo que la entonces presidenta de Chile, Michelle Bachelet, declarara el estado de excepción para dotar de mayores poderes a los militares para restablecer el orden, ante la oleada de saqueos de comercios, y para acelerar la entrega de ayuda.

Para Arroyo, que era abogado de profesión en el momento de la tragedia, el 27-F significó descubrir que su vocación de bombero iba más allá del área de rescate, por lo que en el 2016 comenzó a especializarse en medicina pre-hospitalaria. “Empecé a estudiar enfermería porque quiero dedicarme a esto, a salvar vidas. Pasé del trabajo estructural a estar en contacto directo con la gente”. 

La tragedia causó más de 2 millones de damnificados y, durante la última década, el fisco chileno ha tenido que pagar más de 7 millones de dólares de indemnizaciones a víctimas del terremoto que demandaron al Estado por no haber alertado sobre el maremoto, que destruyó poblados enteros.

Sin embargo, sobrevivientes, rescatistas y expertos coinciden en que, aunque se cometieron errores en el camino, el Estado logró reconstruir las zonas más afectadas, desarrollar normas de construcción más estrictas y planes de contingencia para enfrentar futuras emergencias, luego del terremoto y posterior tsunami que dejó más de 520 muertos y decenas de desaparecidos.

Los actos programados para la conmemoración de este décimo aniversario del 27F incluyen celebraciones ecuménicas para recordar a las víctimas, seminarios sobre las lecciones que dejó esta emergencia y la visita del presidente Sebastián Piñera a la región del Bio Bio, una de las zonas más devastadas por la tragedia.



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