Jerusalén no está a la venta

Los israelíes y sus partidarios estadounidenses y europeos deben entender que los problemas en la Tierra Sagrada no desaparecerán hasta que termine la ocupación israelí

Jerusalén no está a la venta

La decisión del Gobierno del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel y trasladar la embajada de Estados Unidos desde Tel Aviv a esa ciudad fue una bofetada al proceso de paz de Oriente Medio, ya muy frágil y la diplomacia internacional. Como se esperaba, esta decisión se recibió con la condena y el rechazo en todo el mundo. Los Estados Unidos todavía tiene la oportunidad de anular su decisión y aceptar Jerusalén Este como la capital del Estado de Palestina. Esta es la única forma que se puede revitalizar el proceso de paz.

Aunque la administración de Trump insiste en que este paso facilitará el diálogo entre Israel y Palestina, no está claro cómo este tipo de falta de respeto al estatus histórico, religioso y legal único de Jerusalén puede verse como un paso en la dirección correcta. Al contrario, esta decisión ha socavado cualquier esperanza que se quiere para la paz. Desde hace unos meses, los funcionarios estadounidenses se refirieron a un nuevo plan en marcha para reiniciar las conversaciones de paz. Pero, nada aún ha salido a la superficie. Pero si la decisión de Jerusalén tomada por la administración de Trump es la primera pieza de esta nueva iniciativa de paz, este intento ya puede declararse “muerta”. Deben darse cuenta de que Jerusalén no es un bien inmueble en venta.

El movimiento de la administración de Trump en Jerusalén representa una mezcla tóxica de populismo y unilateralismo. Al reconocer a Jerusalén como la capital de Israel, Trump no solo ha puesto al revés la política exterior estadounidense de 70 años, sino que también ha violado una serie de resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que datan de 1967. El mundo se solidariza con el pueblo palestino sobre Jerusalén y la solución de dos Estados. Esto incluye al Papa y otras iglesias y comunidades cristianas. Por otro lado, una de las cosas buenas que ha salido de la equivocada decisión de Trump es que la cuestión palestina ha quedado en el olvido desde el comienzo de los movimientos de la Primavera Árabe y el aumento del terrorismo de DAESH, pero esta decisión de los Estados Unidos ha regresado de nuevo al centro de la agenda global. Este nuevo impulso ahora debería utilizarse para encontrar una paz justa y duradera.

En los últimos años, los palestinos han hecho más de lo que les correspondía para echar las primeras piedras del proceso de paz. A principios de este año, Hamas dio a conocer un nuevo documento político que aceptó la formación de un Estado palestino a lo largo de las fronteras de 1967 e hizo una importante distinción entre la religión del judaísmo y el proyecto sionista. Y en octubre, los partidos políticos palestinos Hamas y Al-Fatah firmaron un acuerdo de reconciliación para participar en las negociaciones como una sola formación. Pese a todos, carecen de una contraparte verdadera y seria de la parte israelí para avanzar en el proceso.

El verano pasado, las provocaciones israelíes para cambiar el estatuto de Haram al-Sharif causaron enfrentamientos generalizados en los territorios ocupados y en todo el mundo musulmán, provocando la muerte de decenas de personas. Y ahora la decisión de EEUU sobre Jerusalén ha empeorado más la situación en lugar mejorarlo.

En respuesta a estos acontecimientos, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan convocó una cumbre extraordinaria de la Organización para la Cooperación Islámica (OCI) en Estambul el 13 de diciembre. La cumbre reunió a más de 30 jefes de estado y gobierno, y los 57 estados miembros y media docena de países observadores estuvieron representados en la cumbre. La Organización para la Cooperación Económica reconoció unánimemente a Jerusalén como la capital del Estado palestino bajo la ocupación israelí. Esta decisión histórica ha generado un nuevo impulso para la causa palestina y tendrá repercusiones de gran alcance.

Hasta el día de hoy, 137 países han reconocido al Estado de Palestina, y el apoyo continúa creciendo. Esta situación es un avance muy importante por el aspecto de los derechos indispensables e inalienables del pueblo palestino, independientemente de los movimientos y objetivos de Israel para la paz, o la falta de ella.

Además, esta situación será seguida por un proceso de las Naciones Unidas para se revoque la decisión unilateral de los EEUU. Después de la votación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que será votada absolutamente por EEUU, es muy probablemente que se celebre otra votación en la Asamblea General. Por eso, esto proceso será bueno para que los derechos fundamentales del pueblo palestino se reconozcan por todo el mundo.

Otro resultado importante de la cumbre de la Organización para la Cooperación Islámica en Estambul es el compromiso de preservar el carácter religioso e histórico de Jerusalén y Haram al-Sharif y empoderar a los palestinos en general y a los habitantes de Jerusalén en particular. De esta manera, se fortalecerán varios fondos que se han establecido en el marco del Banco Islámico de Desarrollo y otras instituciones afiliadas de la Organización para la Cooperación Islámica para ayudar a los palestinos.

Los círculos sionistas cristianos en EEUU, que piensan que Jerusalén no les importa a los musulmanes, deberían tomar una lección de la historia religiosa. Jerusalén es la primera Qibla de los musulmanes y alberga la tercera mezquita más sagrada del Islam. La ciudad es la parte del viaje nocturno y la ascensión al cielo del Profeta Mahoma. Jerusalén es una parte integrante de la historia religiosa y cultural del Islam desde que el segundo khalifa del Islam, Omar ibn al-Jattab, entró a la ciudad en 638 y reconoció a los derechos de los cristianos y judíos.

Durante los siguientes cuatro siglos, Jerusalén fue gobernada por los musulmanes y fue compartida por las tres religiones abrahámicas hasta que cayó en manos de las Cruzadas en 1099. Cuando Salahaddin al-Ayyubi, conocido como Saladino en el Occidente, reconquistó Jerusalén en 1187 e hizo lo que el profeta Omar hizo siglos antes que él: declaró un 'amanah' (confianza) para todos los miembros de la fe, y trajo de vuelta al rabino principal de Jerusalén en Chipre donde había estado en el exilio debido a las Cruzadas. Cuando la última guarnición otomana dejó la ciudad a los británicos en 1917, entonces surgieron los problemas actuales que viven hoy en día.

Los israelíes y sus partidarios estadounidenses y europeos deben darse cuenta de que los problemas en las Tierras Sagradas no desaparecerán hasta que termine la ocupación israelí, y esto es una ocupación que debe terminar para hacer posible de nuevo la paz, la seguridad, la estabilidad, la prosperidad, el respeto y la confianza.

El punto de vista “lo fuerte es el justo” adoptado por EEUU e Israel no está en pro de ellos, y constituye la mayor amenaza para la paz y seguridad. Jerusalén no es una ciudad que se puede regatear para el populismo y el unilateralismo, y Jerusalén no está a la venta a ningún precio. Si la administración de Trump habla en serio sobre la paz en el Oriente Medio, debe advertir a Israel de poner fin a su política de ocupación, humillación y desposeimiento, que debe ser condenada y rechazada como una afrenta a la humanidad en el siglo XXI.

 



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