¿Leer libros en verano?

El artículo del vicesecretario general y el portavoz de la Presidencia, Ibrahim Kalın, sobre la lectura

¿Leer libros en verano?

La clave para una lectura significativa es leer lo que es esencial y hacerlo de una manera disciplinada. En verano o en invierno, en casa o en carretera, leer libros para destapar los signos en los horizontes y dentro de nuestras almas.

No me gustan las llamadas "listas de libros de verano", porque socavan el valor y la seriedad de ‘la acción de lectura’. Me parecen que la descripción “los libros ligeros” es como una gran ofensa tanto contra el autor y como el lector. En lugar de considerar la lectura como un pasatiempo o una herramienta para matar el tiempo, debemos tratar como una invitación a interesarse con ideas, conceptos, sentimientos y sueños que los buenos autores de diversas vocaciones presentan a nosotros.

La lectura es una cosa seria. No importa lo que leemos, sea un libro de cocina o un libro de Plato, dejamos que el autor y su libro entren en nuestro mundo mental. Es posible que nos gusten o no, aceptar o criticar sus ideas y conceptos. Sea lo que sea el resultado final, aceptamos su invitación a emprender un viaje intelectual. Lo que si nos enriquecerá o decepcionará este viaje depende de nuestro estado de ánimo en el momento en el que leemos igual que los libros.

La lectura es un acto mental y además está relacionada con el corazón. Leemos con la mente, pero incluimos también nuestros sentimientos y emociones. Sea una novela o un libro sobre cosmología, respondemos a sus principales ideas y propuestas con el fondo intelectual y emocional que tenemos. Los libros dan forma a nuestros pensamientos, pero nosotros les damos forma con nuestras reacciones.

Leer un buen libro puede dar gusto y relajación. Algunos pueden considerarlo como una buena inversión para el tiempo libre. No hay nada malo con la lectura para relajar la mente y elevar el espíritu. Pero, quien toma en serio la lectura ganaría más que relajación de la lectura de libros. Lo que realmente malo es la creencia de que deberíamos leer en nuestro tiempo de ocio.

La lectura, cuando se hace correcta e inteligentemente, alimenta la mente y el alma. Por lo tanto, es importante saber qué leer y cómo leer. Cada libro se transforma en un viaje cuando se redacta por un autor y cuando es leído por un lector. Tenemos que tomar en serio este camino si queremos lograr algo bueno al final. Un libro puede hacernos reír, pensar o llorar. Todos estos son los asuntos bastante serios cuando se toma en cuenta nuestro camino más grande en esta tierra.

La lectura requiere disciplina y concentración. Sin embargo, esto no significa que uno tiene que ir a una gran biblioteca de investigación o sentarse en una oficina aislada para leer durante todo el tiempo. Pasar tiempo en las bibliotecas es una experiencia muy gratificante. Solo echar vistazo a algunos títulos de libros puede abrir numerosas posibilidades en nuestras mentes. Teniendo en cuenta las oportunidades que tenemos para acceder a libros fácilmente hoy en día, podemos establecer nuestro propio ritmo para leer. Y por supuesto, podemos leer en cualquier lugar. Todo lo que necesitamos es una disciplina mental y la concentración.

Es cierto que esto no es una tarea fácil en esta época en la que nos vemos bombardeados con millones de bites de sonido y titulares de noticias de última hora. Lo que peor es que nos espera que respondamos a la "mensajería instantánea" del mundo moderno de comunicación y la red social de la misma manera que se produce esta mensajería: corto, rápido, escandaloso, poco profundo, agresivo, invasor. Cada noticia se produce ahora para pasar inmediatamente a la siguiente: se produce instantáneamente sin ninguna profundidad para ser consumido al instante.

Esto hace aún más importante el acto de lectura. Nos espera que leamos para ampliar nuestro conocimiento y nuestra comprensión, no para matar el tiempo. Por lo tanto, es importante lo que leemos y qué leemos.

Pero la lectura no se limita a leer libros (o pantallas como en estos días). La lectura abarca otros estados de existencia como naturaleza, artes visuales y música. Igual que un libro nos enseña muchas cosas, la naturaleza también nos habla. Si tenemos oídos para oír y ojos para ver, la naturaleza nos puede enseñar lecciones profundas sobre belleza, equilibrio y armonía. Las obras de arte pueden evocar sentimientos sublimes en nosotros para que podamos ir más allá de la forma para alcanzar el significado. También el arte puede enseñar cosas a través de la "terapia de choque". La música puede ser un mentor para aquellos que quieren experimentar el significado más allá de palabras. Todas estas son las diferentes formas de lectura en nuestra búsqueda por descubrir a nosotros mismos y nuestro lugar en la gran cadena de ser.

La lectura es esencialmente un acto de surgimiento y obtención del significado que encontramos en diferentes formas. La verdad y el significado, que se vuelven disponibles a través de la lectura de libros, el arte o la naturaleza,  abren las puertas de nuestra percepción y nos invitan a descubrir mundos diferentes, de los que al contrario no somos conscientes. Por otro lado, ya que cada descubrimiento es también un proceso de autodescubrimiento, podemos adquirir una comprensión interna de las cosas tal como están en el mundo de la existencia. Descubrimos a nosotros mismos en cada intento de comprender el significado de las cosas.

Este concepto se consagra bastante en la tradición islámica. La primera revelación que se envió al Profeta Mahoma fue "Iqra!" que significa "leer" y "recitar". Esto sugiere que leamos el Corán como un libro sagrado y al mismo tiempo pretende que obtengamos una idea sobre la naturaleza interna de las cosas por medio de Él. El Corán insiste a las personas en leer las señales dentro de sus almas y el universo para que sean mejores sujetos usando su mente y apropiándose de las virtudes. Aquellos que fracasan en realizar este mencionado acto de leer básicamente aceptan vivir bajo su verdadero potencial para convertirse en ser humano completo.

Debemos leer para aumentar nuestro conocimiento, ampliar nuestros horizontes y descubrir nuevos y diferentes mundos. Esto me lleva a una sola conclusión: ¡leer lo que es realmente importante, esencial y permanente! Los libros de moda vienen y van. No perder el tiempo y contaminar la mente con ellos. Leer los libros de los autores que dan forma al pensamiento humano, que fuerzan que nuestra imaginación supere sobre el promedio y que nos insisten en que seamos personas mejoras y más inteligentes. Lean a Platón y Aristóteles y no escuchen a los que dicen que son demasiado pesados. Lean a Marcus Aurelius para ver cómo un rey filósofo lucha con ideales, principios y realidades, que son los problemas que debemos que hacer frente cada día en distintos niveles. Lean a San Agustín para comprender cómo una mente de primera clase trata las cuestiones de fe y razón.

Lean a T. S. Eliot y C. S. Lewis para dar un significado a los puntos muertos de la época moderna en la que vivimos. Gasten tiempo con Farabi, Ibn Sina, Ibn Rushd, Ghazali, Suhrawardi, Mulla Sadra y otros pensadores musulmanes para ver cómo una mente creyente puede hacer sentido del mundo sin sacrificar ni a Dios, ni la razón humana y ni su libertad. Dejen su mente y corazón a Rumi e Ibn al-Arabi para que les lleven a lugares de maravilla, amor y compasión. Revisen a Ibn Jubair, Ibn Battuta y otros viajeros musulmanes para ver cómo los hombres de ciencia musulmanes desarrollaron una noción del mundo mundial antes de la era de la globalización moderna. Doten a sí mismos en la poesía atemporal de Hafiz, Sa'di, Khayyam, Attar, Yunus Emre, Baki, Fuzuli y otros poetas que cantan las canciones de amor divino y humano, de viaje y del compañerismo.

Esta lista puede ampliarse hasta abarcar las obras de otras grandes tradiciones del mundo incluyendo las civilizaciones China e India. No importa la anchura de nuestra red, la clave de la lectura significativa es leer lo que es esencial y hacerlo de una manera disciplinada. En verano o en invierno, en casa o en carretera, lean para conocer las señales en los horizontes y dentro de nuestras almas.



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