Muro fronterizo: la promesa que Trump nunca cumplirá

Falta de financiamiento, tierras tribales y daño al flujo ecológico son algunas de los obstáculos que el mandatario estadounidense enfrenta para elevar el muro en la frontera con México

Muro fronterizo: la promesa que Trump nunca cumplirá

A pocos días de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumpla la mitad de su mandato, millones de personas que le entregaron su voto en 2016 aún se preguntan qué pasó con una de las propuestas que lo llevó a la Casa Blanca: la construcción de un muro fronterizo con México.

El pasado martes, en su primera alocución formal como presidente, Trump -fiel a su distorsionado discurso-, defendió la elevación de un muro de “acero”, en lugar de uno de concreto. Algo que prometió por meses durante su gira de campaña y que, hoy por hoy, se queda en palabras. 

Ahora, pasados dos años desde que se posesionó, Trump se preguntará: ¿Cómo lo hago?¿Dónde consigo el dinero?¿Qué medida adopto? -siempre preguntas, nunca respuestas-, para llevar a cabo una pared gigante de unos 2.100 kilómetros (de los casi 3.200 kilómetros de frontera que comparten México y Estados Unidos, cerca de un tercio cuenta con un muro físico) que, históricamente en otros países, sirvió como un arma de segregación. Basta con recordar el muro de Berlín, la valla marroquí de Ceuta o la barrera israelí de Cisjordania.

Ante las dudas, solo una certeza. Trump no podrá elevar el mentado muro que en su momento dijo “pagarían los mexicanos”. 

Si en los primeros años como presidente, con un Congreso a favor de mayoría republicana, no consiguió el dinero para erigir el muro; ahora, con los demócratas (sus opositores) al control de la Cámara Baja, las probabilidades de obtener el financiamiento para el mismo son casi nulas. 

De hecho, la nueva presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, aseveró que “no vamos a construir un muro, es una inmoralidad”. 

En ese escenario, al único acuerdo al que llegarían los demócratas con Trump sería el de respaldar la manutención de los 1.100 kilómetros de bardas de concreto, rejas y planchas metálicas (algunas utilizadas para el aterrizaje de aviones provenientes de Irak en la época de la Guerra del Golfo) que cubren una tercera parte de la frontera en el ala occidental entra ambas naciones. 

"Esto se reduce a una discusión semántica. ¿En qué sentido? Los demócratas nunca avalarán la construcción de un muro de concreto tal como lo sugiere el presidente. Lo que sí considerarían es patrocinar el mantenimiento de la barrera que ya existe", le explica a la Agencia Anadolu el profesor de economía de la Universidad de Rutgers, Arturo Osorio.

El monto anual para conservar en buen estado dicho vallado, iniciado por el gobierno de Bill Clinton en 1993, es de entre USD 1.100 millones y USD 2.000 millones. 

Con el fin de ganar adeptos al interior del Legislativo y en la industria del acero, Trump optó por cambiar su retórica en relación al muro. Actualmente está hablando de montar una barrera de metal compuesta por una serie de postes y una malla, en reemplazo de la construcción de cemento.

Esto es relevante porque reduce el gasto de unos USD 25.000 millones (según cálculos del Departamento de Seguridad Nacional) a cerca de USD 6.000 millones. Por el otro lado, se despacha con un mensaje de apoyo a la industria del acero de Estados Unidos, la cual tiene graves problemas por las tarifas y embargos que el mismo Trump implementó a nivel mundial.

"Con esto -dice Osorio- Trump busca matar a dos pájaros con una pedrada. Aumenta la 'seguridad migratoria' empleando una barrera metálica e incentiva a la industria de la siderurgia". 

Otros de los inconvenientes que el presidente de EEUU tiene para la construcción del muro es la elaboración de las rutas de acceso a la frontera que permitirían transportar los materiales de construcción y, uno aún más relevante, la posesión de la tierra.

Para cubrir los 2.100 kilómetros de extensión con la valla metálica, Trump tendría que nacionalizar buena parte del territorio fronterizo estadounidense. Aquí, el mandatario entraría en una batalla política con cuatro de los cinco gobernantes demócratas que manejan los distritos colindantes en la frontera de Texas, el estado con el que EEUU comparte casi la mitad de los límites territoriales al sur.

Y, aunque lo anterior no supusiera un problema, la compra de la propiedad privada y tribal sí lo es. 

Si Trump no logra negociar con los dueños la venta de sus tierras, el gobierno podría apelar al uso de “Dominio inminente”, una figura utilizada en el pasado para abrir campo a la ejecución de autopistas y ferrocarriles. 

En conversaciones con el Washington Post, el profesor asistente de derecho de la Universidad de Pittsburgh, Gerald S. Dickson, subrayó que el proceso legal por una demanda por dominio inminente puede tardar años de disputa. Por ejemplo, en los años noventa, cuando se comenzó a construir la pared de 1.100 kilómetros, se presentaron 330 demandas por parte de ciudadanos al Departamento de Justicia para que no les arrebataran sus predios. 

Además, buena parte de la frontera en Texas y Arizona es considerada territorio tribal (indio). Se trata de zonas que el Departamento de Seguridad Nacional (DSN) ha intentado comprar sin éxito en repetidas ocasiones.

“Las áreas tribales son naciones independientes en la jurisdicción estadounidense -señala el profesor Osorio-. Para obtener esos terrenos, lo que Trump tendría que hacer es literalmente producir un desplazamiento de tribus en diferentes espacios de la frontera, lo cual podría generar una crisis constitucional porque los indígenas en EEUU tienen su propio gobierno y jurisdicción”. 

Según el magnate, el muro evitará que “violadores y traficantes mexicanos” continúen transportando droga por la frontera. Nada más alejado de la realidad. 

El muro no disminuirá el flujo de droga 

Es cierto que los grupos delincuenciales que controlan el tráfico de personas en la frontera trabajan con organizaciones narcotraficantes como el Cartel del Golfo, el de los hermanos Arellano Félix (Cartel de Tijuana), el Cartel de Juárez, el de Sinaloa y Los Zetas, para cargar de droga a algunos indocumentados que no tienen cómo pagarle al “coyote”, la persona que los guía al cruzar hacia Estados Unidos. 

Esta es una realidad que, aunque importante, no refleja la realidad del tráfico de drogas entre México y EEUU. 

Por la frontera se han utilizado desde catapultas, túneles -con ventilación e iluminación- y drones para enviar cocaína, heroína y marihuana a Estados Unidos. Pero ninguna de estas tácticas es tan efectiva como el tráfico de droga por vías fluviales. 

Según la Guardia Costera de Estados Unidos, el 95% de la droga que entra a EEUU por las dos costas y el Golfo de México se transporta por vías acuáticas. 

"El ingreso de droga a Estados Unidos tampoco se reducirá por la ejecución del muro. La mayoría de estupefacientes que llega a este país es transportada a través de contenedores descargados en puertos de ambas costas", indicó el profesor de la Universidad de Rutgers. 

Tan solo en 2016 la Guardia Costera de EEUU incautó 206.340 kilos de cocaína, valorados en USD 6.100 millones. 

El impacto negativo al flujo ecológico 

El ecosistema en toda la línea fronteriza también se vería perturbado por la realización del muro. Hasta la fecha, más de 800 especies de vertebrados, principalmente mamíferos, reptiles y anfibios se vieron afectados por la presencia del muro de 1.100 kilómetros, indicó la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). 

Gerardo Ceballos, docente del Instituto de Ecología de la UNAM, le dijo en su momento al diario La Jornada de México que un muro fronterizo viola todo tipo de acuerdos ambientales y catalogó a la iniciativa de Trump como una “estupidez”. El experto recordó que esta área de América es una de las más ricas en flora y fauna del continente. 

Sumado a esto, varios grupos ambientalistas del mundo manifiestan que dividir, por medio de una barrera de cualquier material a las dos naciones norteamericanas, no solo reducirá la diversidad genética, sino que también hará a las especies más susceptibles a enfermedades y epidemias.

Así las cosas, y ante todas estas trabas, lo único que Trump busca con el debate del muro es defender una posición política para llamar la atención sobre algo que quiere, pero no podrá hacer.

(Servicio de Español de la Agencia Anadolu)



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